De Jesús Puebla a Ciberwolf

Ciberwolf y la inteligencia artificial: crear más, vivir mejor

De aquella primera página web escrita en el Bloc de notas en 1996 a los proyectos digitales de hoy. Casi treinta años después, la curiosidad sigue intacta, aunque las herramientas hayan cambiado por completo.

Hay cosas que cambian con el tiempo y otras que permanecen. En mi caso, una de ellas es la curiosidad por crear, experimentar y descubrir qué se puede hacer con la tecnología.

Mi relación con Internet comenzó en 1996. Entonces no había asistentes de inteligencia artificial, ni plataformas que permitieran construir una web en unos minutos, ni herramientas capaces de generar código a partir de una conversación. Para hacer una página web bastaban, en principio, un ordenador, un editor de texto como el Bloc de notas, muchas ganas de aprender, horas y horas de observar código fuente y una buena dosis de paciencia.

Así nació mi primera página web, dedicada a mi trabajo como mimo. Era una época en la que cada pequeño avance suponía un descubrimiento. Escribir HTML, probar una etiqueta, cambiar algo, volver a cargar la página y comprobar el resultado formaba parte de un proceso que tenía mucho de aprendizaje y de juego.

Internet era un territorio por explorar. Y yo quería explorar.

De las primeras páginas web a Ciberwolf

A finales de los años noventa, Internet todavía tenía mucho de aventura. Crear una página no consistía únicamente en publicar información: también significaba experimentar con una tecnología que estaba transformando la manera de comunicarnos.

Por aquellos años surgieron proyectos como Cyler.com, que concebí como un buscador de recursos de Castilla y León, e Ir-a.net, una iniciativa que combinaba un sistema de redirección de direcciones web para librarse de aquellas direcciones infinitas de Geocities y con un metabuscador que buscaba simultaneamente en Yahoo, Altavista y Webcrawler, o aquella ocasión en la que me dio por competir con hotmail y crear cylermail para proveer de email gratuito a los castellanos y leoneses (lo único que logré fue que me cerraran el servidor por saturar el servicio). Eran proyectos nacidos de la curiosidad, de las ganas de probar cosas nuevas y de aprovechar las posibilidades que ofrecía aquella Internet todavía joven y libre de capitalismo.

Quien quiera asomarse a aquella época puede encontrar rastros de estos proyectos en el archivo histórico de Internet:

  1. Mi primera web dedicada al mimo: consultar la copia archivada.
  2. Cyler.com: consultar la copia archivada.
  3. Cylermail.com: consultar la copia archivada.
  4. Ir-a.net: consultar la copia archivada.
  5. 3enred: consultar la copia archivada.

Y por entonces apareció también Ciberwolf, el nombre con el que empecé a moverme por las BBS y los canales de IRC allá por 1991. Un alias nacido en aquellas conversaciones digitales que, con el tiempo, se convirtió en una pequeña identidad vinculada a mi actividad en Internet.

Desde entonces han pasado muchas cosas. Han cambiado los lenguajes de programación, los servidores, los navegadores, las pantallas y la manera de diseñar una web. Lo que antes exigía escribir prácticamente cada línea de código ahora puede abordarse con herramientas mucho más avanzadas.

Pero hay algo que no ha cambiado: detrás de cada proyecto sigue habiendo una idea y alguien que decide qué quiere hacer con ella.

Una trayectoria entre la cultura, la creatividad y la tecnología

A lo largo de estos años he desarrollado páginas web para proyectos propios y para otras personas. Durante más de veinte años 2005-2025 trabajé también en la web del actor Fernando Cayo, acompañando su presencia digital y adaptándola a los cambios tecnológicos.

Mi actividad profesional como artista, ligada al mimo y al teatro familiar, nunca ha estado separada de mi interés por la tecnología. Al contrario: ambas facetas se alimentan de la misma necesidad de imaginar, comunicar y encontrar nuevas formas de expresión.

Hoy esa combinación continúa en distintos proyectos.

Entre ellos está ArtesaCyL, web de la asociación de compañías profesionales de artes escénicas de Castilla y León; la web de El Gran Rufus; y Aldea de San Miguel, un proyecto que conecta cultura, patrimonio, actualidad y vida local mediante una web desarrollada con un sistema de gestión de contenidos propio.

También está mi propia web profesional en la que estás leyendo este artículo, Jesús Puebla, un espacio para reunir mi trayectoria artística, mis proyectos, mi actividad creativa y quién sabe si mis memorias.

Cada uno de estos trabajos tiene sus propias necesidades. No es lo mismo desarrollar una web para un artista que crear una herramienta de comunicación para un pueblo o construir una plataforma para una asociación cultural. Cada proyecto exige pensar, ordenar contenidos, diseñar soluciones y resolver problemas diferentes.

Y esa diversidad es precisamente una de las cosas que más me gustan de este trabajo.

Frikiseta: cuando las ideas también se convierten en diseños

Mi actividad digital tampoco se limita a las páginas web. Otro de mis proyectos es Frikiseta.es, un catálogo de diseños originales de camisetas creados por mí y comercializados a través de otras plataformas que llevo alimentando desde 2010.

Es otra manera de convertir una idea en algo tangible. En este caso, el proceso parte de la creatividad gráfica y continúa con la presentación de los diseños en Internet, donde pueden llegar a personas interesadas en ellos.

Este proyecto representa otra faceta de una misma inquietud: explorar formatos diferentes, experimentar y buscar nuevas formas de llevar las ideas al mundo.

Una web, un diseño para una camiseta, una propuesta artística o una herramienta digital pueden parecer cosas muy distintas. Sin embargo, comparten un mismo punto de partida: imaginar algo que todavía no existe y encontrar la manera de hacerlo realidad.

Y entonces llegó la inteligencia artificial

Durante muchos años, desarrollar una web significaba buscar documentación, consultar manuales, probar soluciones, cometer errores y dedicar horas a entender por qué algo no funcionaba.

Ese aprendizaje sigue siendo valioso. Conocer los fundamentos de la programación, entender cómo se estructura una web y saber detectar un problema continúa siendo importante. La tecnología puede facilitar muchas tareas, pero no elimina la necesidad de comprender lo que estamos haciendo.

Lo que sí ha cambiado radicalmente es la forma de trabajar.

La inteligencia artificial me permite mantener una conversación sobre una idea, plantear una estructura, explorar distintas alternativas, revisar código, detectar errores o encontrar soluciones a problemas que antes podían llevarme mucho más tiempo.

En mis proyectos más recientes, como la web de Aldea de San Miguel o mis trabajos profesionales, he encontrado en la IA una herramienta con la que trabajar codo con codo. No se trata simplemente de pedirle que haga una página y esperar el resultado. Se trata de un proceso de colaboración: planteo una idea, analizamos posibilidades, probamos, corregimos, mejoramos y volvemos a probar.

Las ideas originales parten de mí. También la intención, el propósito y la decisión final sobre lo que quiero construir. Pero ahora tengo a mi disposición una herramienta que me ayuda a desarrollar esas ideas, a superar obstáculos y a avanzar por caminos que, en otras circunstancias, podrían resultar mucho más lentos.

La idea es mía. El criterio es mío. La dirección del proyecto es mía. La inteligencia artificial me ayuda a recorrer el camino.

Para mí, esa es una de las claves de esta nueva etapa.

No hay que tener miedo a las nuevas herramientas

Entiendo que la inteligencia artificial genere dudas. Como ocurre con cualquier tecnología capaz de transformar nuestra forma de trabajar, plantea preguntas importantes sobre el empleo, la creatividad, la privacidad, la responsabilidad y el uso que hacemos de ella.

No creo que debamos ignorar esos riesgos ni aceptar cualquier resultado sin cuestionarlo. Al contrario: cuanto más potentes son las herramientas, más importante resulta utilizarlas con criterio, revisar lo que producen y asumir la responsabilidad de nuestras decisiones.

Pero tampoco creo que debamos tener miedo simplemente porque algo sea nuevo.

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Seguirá evolucionando y modificará muchas profesiones, procesos y formas de crear. Podemos contemplar ese cambio únicamente como una amenaza o podemos aprender a utilizarlo para ampliar nuestras posibilidades.

En mi caso, prefiero lo segundo.

No considero que trabajar con inteligencia artificial me convierta en alguien menos creativo. La creatividad no consiste exclusivamente en escribir código a mano o en resolver cada problema sin ayuda. También consiste en imaginar soluciones, establecer conexiones, elegir entre distintas posibilidades y saber qué merece la pena construir.

Las herramientas cambian. La capacidad de imaginar sigue siendo nuestra.

Ganar tiempo también es ganar libertad

Quizá lo más importante de esta transformación no sea la velocidad con la que puedo desarrollar un proyecto, sino lo que puedo hacer con el tiempo que ahorro.

Durante años he dedicado muchas horas a tareas técnicas: buscar errores, revisar código, resolver incompatibilidades, investigar soluciones o repetir procesos. Algunas de esas tareas son necesarias, pero no todas aportan el mismo valor creativo.

Si una herramienta me permite resolver una dificultad técnica en menos tiempo, puedo dedicar esa diferencia a pensar mejor una idea, cuidar otros aspectos del proyecto o, sencillamente, dejar el ordenador y dedicarme a otras cosas.

Porque la vida no puede consistir únicamente en producir, programar y resolver problemas.

También quiero tener tiempo para el mimo, el teatro, la cultura, la familia, los amigos, los paseos, la curiosidad por otros campos y todas esas experiencias que alimentan la imaginación y dan sentido a lo que hacemos.

No quiero que la IA viva por mí, piense por mí ni decida por mí. Quiero que me ayude a disponer de más tiempo para vivir, pensar, imaginar y crear.

Para mí, esa es una de las grandes oportunidades que ofrece esta tecnología: no solo hacer más cosas, sino poder elegir mejor a qué queremos dedicar nuestro tiempo.

Casi treinta años después, sigo aprendiendo

Cuando miro atrás y recuerdo aquella primera web de 1996, me hace gracia pensar en todo lo que ha cambiado. Entonces escribía código en un editor de texto y celebraba cada pequeño avance. Hoy puedo trabajar con herramientas que hace unos años habrían parecido ciencia ficción.

He pasado por buscadores, redireccionadores, páginas personales, webs profesionales, comercio electrónico con tiendas como Artesanías Sándalo aún en producción, sistemas de gestión de contenido y proyectos culturales. He aprendido a adaptarme a tecnologías nuevas y a buscar soluciones cuando las circunstancias cambiaban.

Ahora estoy aprendiendo a trabajar con inteligencia artificial.

No lo vivo como una renuncia a lo anterior, sino como una nueva etapa de ese mismo recorrido. La experiencia acumulada me ayuda a formular mejores preguntas, detectar errores, valorar las respuestas y decidir qué soluciones tienen sentido. La IA, por su parte, me ofrece nuevas posibilidades para experimentar y llevar las ideas más lejos.

En 2027 cumpliré cuarenta años de trayectoria profesional en el mundo del mimo y el teatro, una actividad que comenzó en 1987. Y también estaré cerca de celebrar tres décadas desde aquellos primeros pasos en la creación de páginas web.

Son dos caminos que, aunque puedan parecer distintos, comparten una misma raíz: la necesidad de expresarme, comunicar y crear.

La curiosidad sigue intacta

No sé cómo serán las herramientas que utilizaremos dentro de diez años. Probablemente nos sorprenderán tanto como hoy nos sorprendería regresar a aquella Internet de los noventa.

Lo que sí sé es que quiero seguir aprendiendo, explorando y desarrollando proyectos. Quiero seguir encontrando maneras de conectar la tecnología con la cultura, el arte y las ideas que me interesan.

Y, si las nuevas herramientas pueden ayudarme a hacerlo con menos obstáculos y más libertad, bienvenidas sean.

Internet ha cambiado. La manera de programar ha cambiado. Las herramientas creativas están cambiando a una velocidad extraordinaria.

La inteligencia artificial no ha apagado mi curiosidad. Me está ayudando a darle más espacio.

Sigo siendo aquel curioso que empezó a escribir HTML en el Bloc de notas, que experimentaba con buscadores y direcciones web, y que disfrutaba descubriendo qué podía construir con los medios que tenía a su alcance.

La diferencia es que ahora cuento con nuevas herramientas y con una experiencia que me permite aprovecharlas mejor.

Al final, no se trata de que la tecnología haga todo por nosotros. Se trata de saber qué queremos hacer con ella.

Y yo quiero seguir creando. Pero también quiero vivir, disfrutar y tener tiempo para todo lo demás.

Porque lo importante no son las herramientas que utilizamos, sino aquello que somos capaces de imaginar y crear con ellas.

Jesús Puebla · Ciberwolf · Desde 1996